Cuando todo te da
igual y es lo mismo seguir o parar.
Estar, permanecer, marcharte, soltarlo.
Cuando el simbolismo de lo indispensable pierde su razón de ser
y despertarte es una tarea asignada por la rutina.
Allí y solo en ese punto tu voz interior grita en silencio,
oculta a los ojos de la multitud
tranquila en medio de
tu desesperación, de tu decepción.
Te asusta, está claro
permanecer inmóvil ya no es una opción,
una salida fácil quizá
un escape inmediato tal vez.
la solución? En absoluto.
La quietud solo alarga ese final anunciado
y te seguirás mintiendo
si pretendes aparentar esa sonrisa,
aquella paz que tranquiliza
a todos, menos a vos misma
abrumada por la incertidumbre
de aquel silencio desesperante
que un día te dijo: eres todo en mi vida.
Cual es mi fin?
¿doblegarme a un sentimiento caprichoso
y seguir dando vueltas en un circulo constante
será mi destino?
Me pregunto en prosa y en verso
En cuentos y canciones
En libretos y guiones
Pero aún así
no consigo comprender
que te llevó a desaparecer.